Últimamente he estado pensando mucho en todas las personas que tengo a mi alrededor, tanto a las que aprecio, como a aquellas que sinceramente no quisiera verles ni el pelo. En general, suelo pensar mucho; demasiado diría yo. Una simple acción puede arruinar todo lo que te ha costado construir por un largo e interminable tiempo y, lo cierto es que es muy injusto.
Por un simple error que tengas, puedes convertir a la persona que más aprecias, en la que más aborreces. He vivido las dos posibles perspectivas y en ninguna de ellas es para nada agradable. En una de las situaciones, cuando quedas como la víctima de todo, sientes un gran dolor en el pecho cuando recuerdas aquello que te hizo, aquello que hizo mal y aquello que no esperabas que hiciese nunca. Y en la otra, cuando quedas como un vil villano, te da rabia pensar que por una simple tontería, que puede que tal vez no debiste hacer, se vaya toda vuestra simpatía al garete y, a la misma vez, notas que te enfurece el pensar que, esa persona, sea tan idiota como para enfadarse contigo por una simple nimiedad.
Si de verdad aprecio a la persona en cuestión, puedo disculparme, puedo decirle que no volvería a hacerlo de ser el caso, pero es su decisión el dejar el tema por zanjado, pasar página e intentar reconstruir lo que se destruyó por aquella idiotez que no debió pasar.
Sinceramente, no me arrepiento de nada de lo que he hecho hasta ahora. Arrepentirse de algo es una completa gilipollez. ¿De qué te vale arrepentirte? ¿Te va a servir de algo? ¿Va a cambiar algo de aquello que hiciste? Es cierto que si volviese al pasado, cambiaría muchas cosas que he hecho o dicho, pero como no es posible, prefiero mirar hacia delante sin tener que agobiarme en demasía por algo que ya está hecho.
Volviendo al tema inicial; sí, me caliento la cabeza por todas las personas de mi alrededor. Porque me importan, porque no quiero estar de malas con alguien a quien aprecio, pero si nuestras personalidades no encajan y simplemente chocan, no puedo hacer más que soportarlo y esperar que ese otro individuo haga lo mismo conmigo, para al menos intentar seguir en un punto intermedio.
Como dice aquel dicho: "No es posible llevarse bien con todo el mundo. Siempre habrá alguien con quien no te soportes". Pero lo que no sabe la gente es que si haces el intento, puedes convertir esa enemistad en indiferencia y, puede que tal vez, después, en amistad.
Recuerdo que esto me pasó con varias personas que hoy en día son muy preciadas para mí y, gracias a ellos, he comprendido que si entre los dos ponemos un granito de arena cada día, podemos llegar a crear una inmensa montaña con el paso del tiempo.