A veces tengo la sensación de que todo lo malo que me ocurre, todo lo malo que me pasa, es siempre debido a mí, que siempre soy yo la que tiene la culpa del comienzo de una discusión, del enfado entre "equis" persona y yo o del simple hecho de haberme olvidado de hacer algo y que luego me lo acaben reprochando.
¿Soy estúpida si empiezo a pensar que pareciera que lo hago a posta? ¿Que pareciese que deseo mi propia infelicidad?
Recientemente no es que haya tenido muchos problemas graves que hayan trastocado mi vida ni mucho menos. De hecho, estoy segura de que estoy pasando por la época más feliz de mi vida, pero... cuando estás en las nubes, cuando piensas que puedes llegar a volar y abrir las alas todo lo que quisieras, es normal que de vez en cuando te choque el descubrir que en realidad todo aquello que imaginabas era solo eso, una simple ilusión, pues en la vida real ni tienes alas, ni puedes siquiera volar.
Estoy agobiada. Siento que el estrés me invade por momentos. "¿Cómo puedes estar agobiada si a penas te mueves de casa?" me preguntan. "¿Estresada? ¿Tú? Tú no sabes lo que es el estrés" me dicen. Estoy harta de que me digan que es imposible que yo me esté sintiendo de esa manera, que se burlen de mí o que me miren de mala forma diciéndome que lo que tengo son simples tonterías. Pero sobre todo, estoy harta de tener que forzar una sonrisa, pues parece que cada vez que digo lo que realmente siento me acaben diciendo que son "tonterías" mías.
Y ahora digo yo: ¿Y qué si son tonterías? Una persona en tal estado no necesita que le recuerden que se está agobiando por una simple nimiedad. Necesita apoyo, necesita consuelo, necesita de alguien que le preste su atención para poder liberar sus más oscuros pensamientos y quedarse tranquilo, pues es después de eso cuando realmente podrá afirmar que es una simple tontería e incluso podrá reírse de aquello.
Me siento cansada. Cansada de ver las mismas caras una y otra vez mirándome con burla en los ojos o con desprecio. Estoy agotada de ver el mismo paisaje continuamente cada vez que salgo de casa. A penas tengo ganas de levantarme de la cama cuando abro los ojos por las mañanas, pues a penas me motiva nada de lo que hago en el día como para tener ánimo alguno. Y además, me da rabia el simple hecho de pensar que la cura de todos estos males no pueda ser permanente, que no pueda estar todo el tiempo que quisiera con quien realmente consigue sacarme una sonrisa y animarme el día.
Sé que todo esto es temporal. Que dentro de poco ni recordaré por qué estaba tan desanimada a tal punto de dejar que las lágrimas me consumiesen en la oscuridad de la noche, cuando nada ni nadie puede escucharme ni mirarme de mala forma. Cuando puedo dejar escapar mis verdaderos sentimientos sin temer que nadie acabe juzgándome por lo que realmente pienso. Claro, es algo momentáneo, algo pasajero, pero mientras, todo pasa.
A veces me gustaría simplemente irme lejos. Lejos de toda aquella persona que conozca, lejos de todo aquel paisaje acostumbrada de ver y lejos de toda rutina cansada de vivir. Quiero escaparme, irme lejos, sentir que a nadie más que yo le importe lo que haga donde esté, pero sobre todo, alejarme para ver mundo y descubrir con mis propios ojos lo que me he estado perdiendo hasta ahora, pues en vez de estar aquí sentada, escribiendo estas palabras, podría estar en cualquier otra parte disfrutando de un momento inolvidable.
Aunque bueno, qué sabrá una niñata como yo, ¿no?