¡Muy buenas a todos/as!

Mi nombre real es Carmen María, pero podéis llamarme simplemente Camely, dado que ese es el apodo que he elegido para hacerme conocer en las redes.

Siempre he utilizado los blogs para escribir mis novelas, pero esta vez quería hacer algo distinto: Un diario. No soy de esas típicas chicas que apuntan cualquier tontería en ellos. Prefiero apuntar lo que pienso, lo que siento y todos aquellos sueños que me gustaría cumplir.

Llevo pensando en este proyecto desde hace mucho tiempo, pero hasta ahora no me he atrevido a hacerlo realidad. Expresar y explicar vivencias a desconocidos es algo que me aterroriza, pero si así puedo ayudar a más personas a que no pasen por lo mismo o, por el contrario, a sentirme mejor, entonces no veo por qué no hacerlo.

Sé que un diario normalmente es para escribir todos los días. NORMALMENTE. Pero solo escribiré cuando lo vea necesario.

Bueno, sin más me despido y gracias por leer esta pequeña introducción. ¡Un saludo!

lunes, 9 de noviembre de 2015

Sentidos alerta

     Estas últimas semanas, para seros sincera, están siendo tan tranquilas, tan alegres, tan... llenas de suerte, que sinceramente, me aterran. ¿Alguna vez habéis tenido una enorme racha de buen azar que, por mucho que os esté yendo bien, no podéis evitar el hecho de quedaros alerta porque sabéis que en cualquier momento todo se os puede venir abajo? Pues es así como me encuentro en este mismo momento.

     Hay una imagen bastante conocida en internet en la que se señala que existen tres puntos esenciales en nuestra vida. Nuestra vida social, nuestra vida estudiantil y nuestra vida de ocio (para mí, dormir también lo considero ocio, así que lo incluiré en este último apartado). Para resumir, es un triángulo bastante puñetero en el que siempre uno de los 3 ángulos te irá mal, pero, ¿qué sucede cuando extrañamente te va todo bien? La respuesta es más sencilla de lo que parece. Simplemente, tienes una racha buena y luego una mala. Es decir, en este momento te va todo bien, con los típicos arco iris, unicornios y todos esos estereotipos de felicidad, pero en cuanto quieres darte cuenta, por una razón u otra, todo se te va a la mierda y te quedas más jodido que aquel insensato que en mitad de un juego se le ocurre la genial idea de ir solo por el mapa, importándole bien poco el hecho de que en el momento en que le hacen la emboscada de su vida, los porcentajes de poder ganar la partida se van totalmente por el garete.

     No se puede tener esa ciega confianza en que todo irá bien sin necesidad de preocuparte por tu alrededor, y mucho menos dejando que todo siga su curso ingenuamente hasta darte cuenta que, de un momento a otro, le has perdido el rastro. De hecho, es lo peor que puedes hacer.

     En estos casos, la mejor solución es mantenerse alerta e intentar mejorar, o al menos atenuar, los cambios que puedan producirse; porque ten en cuenta una cosa: si tú mismo no te interesas por tu propia vida, no creas que alguien va a aparecer de la nada solo para solucionarte los problemas. Abre los ojos, y como dice el dicho: quien algo quiere, algo le cuesta. Esfuérzate por conseguir el equilibrio que deseas y desmiente todo aquello que te hayan dicho con tu propia experiencia.