Hay ocasiones en las que considero que
puedo llegar a ser una persona realmente estúpida. Algunos diréis “por supuesto que lo eres” y otros puede que incluso os
preguntéis por qué digo esto. Es fácil de explicar. Con tan solo
deciros la oración “el ser humano es el único animal que se
tropieza dos veces con la misma piedra”, ya podríais incluso llegar
a imaginaros el tema que voy a abordar. De hecho, este mismo dicho lo
utilicé anteriormente para una de mis entradas, pero esta vez es un
poco diferente de la última.
No estoy dolida, no estoy deprimida y
mucho menos tengo ganas de llorar, solo siento añoranza por aquello
que una vez ocurrió, y es que debo admitir algo: mi mente no puede
olvidar a aquella persona y, mucho menos, mi desgastado corazón. No
sabéis ni por asomo lo que es el poder verlo cada día y que mis
sentimientos lleguen a desbordarse por tan solo una de sus sonrisas,
pero aún así saber que no soy correspondida y sentir que cada
movimiento que haga pueda llegar a inquietarlo por el mero hecho de
que él también conoce lo que siento.
Son irónicos los giros que te da la
vida. En un momento dado rechazas a alguien porque no lo ves como
algo más y, al otro, eres rechazado por esa misma persona justo por
el mismo motivo.
Lo cierto es que fue hace tan solo unas
semanas cuando le recordé que me seguía gustando. Ni siquiera me
atreví a escuchar su respuesta. Lo único que pude hacer en aquel
momento fue despedirme de él y salir corriendo. En realidad me dio
igual el no haberle escuchado, puesto que ya sabía con anterioridad
que no era correspondida, aún así no sabéis la alegría que me
causó el expresarle mis sentimientos en persona, con mis propias
palabras y con su única presencia. Eso sí, su reacción fue sin
duda lo que hizo que mi corazón diese un vuelco. Podría llegar a
aseguraros que aún soy capaz de rememorar con perfecto detalle el
leve trazo de su sonrisa y aquel gesto avergonzado dibujado en su
rostro que tan tierno se me hizo.
Aún así, aún sintiendo todo esto, sé
que hay otra parte de mí que está comenzando a olvidarlo poco a
poco y lo cierto es que me apena el dejar ir estos sentimientos, pero por
otra parte, sé que es lo correcto, pues no puedo aferrarme a alguien
que no me corresponde.
Antes de siquiera volver a decírselo,
había personas que me decían que no lo hiciera, que saldría herida
de nuevo, que volvería a acabar destrozada, y otras tantas que me
decían justo lo contrario, que tras decírselo, sería más fácil
seguir adelante. Hoy quiero agradecer a todas y cada una de esas
personas, por aquellas que se preocuparon por mí y por esas que me
convencieron a dar el paso, pues tras haberlo dicho, vivo con un peso
menos encima.
Cada día que pasa, siento que mis sentimientos por él van desapareciendo poco a poco aunque lo vea tanto en persona como en mis pensamientos. Noto que su sonrisa sigue estando presente, pero que poco a poco ya no causa el mismo efecto en mí como lo podía llegar a hacer anteriormente.
Aún no ha llegado la despedida definitiva de estas emociones, pero aún así, lentamente, voy alejándome a cada paso que doy hacia al frente, manteniendo mis ojos bien abiertos y sintiendo el corazón más vivo que nunca.
Después de todo, hay que estar atentos por si se da la casualidad de que surja un nuevo amor... ¿no?