¡Muy buenas a todos/as!

Mi nombre real es Carmen María, pero podéis llamarme simplemente Camely, dado que ese es el apodo que he elegido para hacerme conocer en las redes.

Siempre he utilizado los blogs para escribir mis novelas, pero esta vez quería hacer algo distinto: Un diario. No soy de esas típicas chicas que apuntan cualquier tontería en ellos. Prefiero apuntar lo que pienso, lo que siento y todos aquellos sueños que me gustaría cumplir.

Llevo pensando en este proyecto desde hace mucho tiempo, pero hasta ahora no me he atrevido a hacerlo realidad. Expresar y explicar vivencias a desconocidos es algo que me aterroriza, pero si así puedo ayudar a más personas a que no pasen por lo mismo o, por el contrario, a sentirme mejor, entonces no veo por qué no hacerlo.

Sé que un diario normalmente es para escribir todos los días. NORMALMENTE. Pero solo escribiré cuando lo vea necesario.

Bueno, sin más me despido y gracias por leer esta pequeña introducción. ¡Un saludo!

jueves, 27 de octubre de 2016

Una nueva etapa

     Tras un largo tiempo que se ha hecho muy ameno, la sonrisa sigue sin borrarse de mi rostro. Parece ayer cuando tras un enorme tropezón, las notas tan nefastas que había "conseguido" me hacían repetir de curso, aquel momento en que la tormenta se mantenía firme y sin descanso sobre mi vida.

     Hoy, un año después de eso, camino con la cabeza bien alta y una enorme sonrisa dibujado en los labios tras haberme graduado por fin y haber comenzado 1º de Bachillerato. A pesar de parecerse notoriamente a la anterior, esta sigue siendo una nueva etapa de mi vida.

     No olvidaré jamás la alegría que sentí al escuchar aquella frase a manos del director del instituto cuando me dirigí a recoger el diploma de la secundaria: "Lo conseguiste, esta vez sí. Felicidades por tu esfuerzo". Me emocionó muchísimo escuchar aquellas palabras, y aún más al decírmelas mientras nos fundíamos en un gran abrazo, pues sabía demás por lo que había pasado y lo duro que habían sido para mí aquellos años en la ESO.

     Durante toda la ceremonia no pude dejar de sonreír ni un solo instante, lo que evitó que las lágrimas se asomasen por mis ojos, pero no solo era por el hecho de graduarme, ni tampoco por las felicitaciones de mi familia y amigos, sino también porque con solo ver los rostros de mis padres, sabía que estaban orgullosos de mí. Mi felicidad no podía ser más en aquel momento, y aún más al verlo a él sentado entre el público, esperando a que terminase la ceremonia para ir a celebrarlo juntos.

     Todos estos años no dejé de pensar en cómo sería el día de mi graduación, pero como dicta el dicho "la realidad supera a la ficción". Fue un día inolvidable.

     El verano dio comienzo, y tal como empezó, noté cómo se me escapaba de las manos. Las idas y venidas eran incesantes. Ferias, fiestas, conciertos, sol, playa y un tiempo inmenso para estar en el ordenador y dormir todo lo que quisiera. Obviamente, todo aquello no duraría para siempre.

     En septiembre la juerga tocó su fin y las clases dieron comienzo. Nuevo instituto, nuevo curso y nuevas reglas. Una nueva etapa para mi vida.

     Por ahora todo es nuevo para mí, aunque supongo que cuando quiera darme cuenta, el tiempo habrá pasado y me habré acostumbrado tanto a esta realidad que la echaré tanto de menos como los demás momentos transcurridos hasta entonces.

     Estos dos años serán los últimos que emplee haciendo estudios generales. Nada más acabar, tendré que elegir qué quiero ser y cómo quiero ganarme la vida. Aún no estoy segura, pero espero que elija lo que elija, mis seres queridos sigan brindándome todo su apoyo, estando a mi lado para todo lo que suceda.

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