¡Muy buenas a todos/as!

Mi nombre real es Carmen María, pero podéis llamarme simplemente Camely, dado que ese es el apodo que he elegido para hacerme conocer en las redes.

Siempre he utilizado los blogs para escribir mis novelas, pero esta vez quería hacer algo distinto: Un diario. No soy de esas típicas chicas que apuntan cualquier tontería en ellos. Prefiero apuntar lo que pienso, lo que siento y todos aquellos sueños que me gustaría cumplir.

Llevo pensando en este proyecto desde hace mucho tiempo, pero hasta ahora no me he atrevido a hacerlo realidad. Expresar y explicar vivencias a desconocidos es algo que me aterroriza, pero si así puedo ayudar a más personas a que no pasen por lo mismo o, por el contrario, a sentirme mejor, entonces no veo por qué no hacerlo.

Sé que un diario normalmente es para escribir todos los días. NORMALMENTE. Pero solo escribiré cuando lo vea necesario.

Bueno, sin más me despido y gracias por leer esta pequeña introducción. ¡Un saludo!

viernes, 29 de marzo de 2019

Amistades

     Amistades. Últimamente no paro de pensar en este concepto y en el número de relaciones que a día de hoy mantengo. Este año sabático me está dando mucho en qué pensar y, para seros sincera, he tenido varios bajones de ánimo debido a los incesantes quebraderos de cabeza a los que, inconscientemente, me he terminado sometiendo, y lo cierto es que este tema en particular ha sido el que más me ha dado en qué pensar.

     Se supone que en cuestiones como relaciones y amistades se dice siempre que es mejor calidad que cantidad, pero ahora mismo ese número de personas supuestamente importantes para mí ha descendido tan drásticamente que no puedo evitar pensar que, con las pocas personas con las que me relaciono, me es imposible poder sentirme satisfecha. Siento que ver a los mismos 3 o 4 integrantes del grupo en el que formo parte cada 2 semanas no me es suficiente para poder rellenar la necesidad de socializarme, como si esto fuese un juego de “The Sims” y de verdad necesitase casi a diario hablar y desahogar cada uno de mis pensamientos con varias personas para poder rellenar esa endemoniada barrita de los cojones.

     Comparado a años anteriores, siento que he perdido o he dejado de hablar con muchas personas, algunas veces con razón y otras sin saber por qué, y aunque os parezca extraño, la mayoría de estas veces ha sido simplemente por la distancia o el muro inexistente que siento que hay entre los demás y yo, menospreciándome y acabando por creer que lo que diga o haga no es interesante para los demás antes de siquiera comentarles el tema del que iba a hablar, para seguidamente terminar por quedarme en blanco y quedarnos en una situación bastante incómoda al no saber cómo seguir con la conversación.

     Por una parte, nunca me han gustado los grupos grandes justamente por esta razón, pues acabo quedándome callada escuchando lo que los demás dicen, sintiendo cómo la oportunidad de hablar se me escapa de entre las manos a la misma vez de que noto cómo el pánico me va consumiendo al no saber si les interesará o no el tema del que quiero hablarles o si incluso me ignorarán o me dirán que no me entrometa en conversaciones ajenas, además de tampoco querer sentir todas las miradas en mí, siendo el centro de atención. En grupos grandes siento que me desgasto y que acabo siempre haciendo el tonto y actuando como un bufón para ganarme las risas de la gente, pues no encuentro otra manera de poder integrarme en las conversaciones sin sentirme de más.

     Luego, por otra parte, me siento más cómoda en los grupos pequeños justo porque puedo llegar a hablar de temas serios sin problemas y puedo asegurarme de en quién puedo o no confiar. El problema de esto es cuando tan solo tienes un único grupo pequeño con el que relacionarte pero que apenas ves porque es difícil que todos queden a la vez y, encima, puede llegar a tornarse la situación incómoda si solo quedas con uno de ellos en particular.

     En este momento no puedo decir que tenga un mejor amigo o amiga, porque siento que de verdad no lo tengo. Es cierto que puedo contar con mi pareja para contarle mis problemas y que este me consuele y viceversa, pero también me gustaría poder tener a alguien más con el que poder hablar de estos temas en confianza y que el otro me contase los suyos propios, apoyándonos mutuamente, pudiéndome así sentir útil e impregnándome de la vida de otros para, al menos, distraerme y dejar de pensar en la mía de manera tan pesimista.

     El problema de todo esto, además, es el que sea incapaz de relacionarme con más personas (desconocidas), ya sea por temor, incomodidad o por mi actitud asocial e introvertida que mantengo al principio, sin quererlo.

     La verdad es que tener tanto tiempo para pensar me está pasando factura, pues analizar todo esto no hace nada más que sentirme cada vez más solitaria de lo que en realidad estoy.

     Me gustaría muchísimo retomar el contacto y reavivar muchas de las amistades que se han ido perdiendo por el camino, pero a la misma vez tengo miedo de que mi actual yo no les agrade y que, a pesar de mi esfuerzo, no consiga mi cometido. Quiero volver a esforzarme para aumentar mi círculo de relaciones, pero a la misma vez no quiero volver a salir herida.

     Es extraño y frustrante todo esto, pues podría simplemente quedarme en mi “zona de confort” e intentar ignorar todos estos estúpidos pensamientos, pero siento que necesito más de lo que tengo en este momento, y el no tener entretenimiento alguno que me distraiga no mejora las cosas, la verdad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario