Amistades. Últimamente no paro de pensar en este concepto y
en el número de relaciones que a día de hoy mantengo. Este año sabático me está
dando mucho en qué pensar y, para seros sincera, he tenido varios bajones de
ánimo debido a los incesantes quebraderos de cabeza a los que, inconscientemente,
me he terminado sometiendo, y lo cierto es que este tema en particular ha sido
el que más me ha dado en qué pensar.
Se supone que en cuestiones como relaciones y amistades se
dice siempre que es mejor calidad que cantidad, pero ahora mismo ese número de
personas supuestamente importantes para mí ha descendido tan drásticamente que
no puedo evitar pensar que, con las pocas personas con las que me relaciono, me
es imposible poder sentirme satisfecha. Siento que ver a los mismos 3 o 4
integrantes del grupo en el que formo parte cada 2 semanas no me es suficiente
para poder rellenar la necesidad de socializarme, como si esto fuese un juego
de “The Sims” y de verdad necesitase casi a diario hablar y desahogar cada uno
de mis pensamientos con varias personas para poder rellenar esa endemoniada
barrita de los cojones.
Comparado a años anteriores, siento que he perdido o he
dejado de hablar con muchas personas, algunas veces con razón y otras sin saber
por qué, y aunque os parezca extraño, la mayoría de estas veces ha sido
simplemente por la distancia o el muro inexistente que siento que hay entre los
demás y yo, menospreciándome y acabando por creer que lo que diga o haga no es
interesante para los demás antes de siquiera comentarles el tema del que iba a
hablar, para seguidamente terminar por quedarme en blanco y quedarnos en una
situación bastante incómoda al no saber cómo seguir con la conversación.
Por una parte, nunca me han gustado los grupos grandes justamente
por esta razón, pues acabo quedándome callada escuchando lo que los demás dicen,
sintiendo cómo la oportunidad de hablar se me escapa de entre las manos a la
misma vez de que noto cómo el pánico me va consumiendo al no saber si les
interesará o no el tema del que quiero hablarles o si incluso me ignorarán o me
dirán que no me entrometa en conversaciones ajenas, además de tampoco querer sentir
todas las miradas en mí, siendo el centro de atención. En grupos grandes siento
que me desgasto y que acabo siempre haciendo el tonto y actuando como un bufón
para ganarme las risas de la gente, pues no encuentro otra manera de poder integrarme
en las conversaciones sin sentirme de más.
Luego, por otra parte, me siento más cómoda en los grupos pequeños
justo porque puedo llegar a hablar de temas serios sin problemas y puedo
asegurarme de en quién puedo o no confiar. El problema de esto es cuando tan solo
tienes un único grupo pequeño con el que relacionarte pero que apenas ves porque
es difícil que todos queden a la vez y, encima, puede llegar a tornarse la
situación incómoda si solo quedas con uno de ellos en particular.
En este momento no puedo decir que tenga un mejor amigo o
amiga, porque siento que de verdad no lo tengo. Es cierto que puedo contar con
mi pareja para contarle mis problemas y que este me consuele y viceversa, pero
también me gustaría poder tener a alguien más con el que poder hablar de estos
temas en confianza y que el otro me contase los suyos propios, apoyándonos
mutuamente, pudiéndome así sentir útil e impregnándome de la vida de otros para,
al menos, distraerme y dejar de pensar en la mía de manera tan pesimista.
El problema de todo esto, además, es el que sea incapaz de
relacionarme con más personas (desconocidas), ya sea por temor, incomodidad o por mi actitud asocial e introvertida
que mantengo al principio, sin quererlo.
La verdad es que tener tanto tiempo para pensar me está
pasando factura, pues analizar todo esto no hace nada más que sentirme cada vez
más solitaria de lo que en realidad estoy.
Me gustaría muchísimo retomar el contacto y reavivar muchas
de las amistades que se han ido perdiendo por el camino, pero a la misma vez
tengo miedo de que mi actual yo no les agrade y que, a pesar de mi esfuerzo, no
consiga mi cometido. Quiero volver a esforzarme para aumentar mi círculo de
relaciones, pero a la misma vez no quiero volver a salir herida.
Es extraño y frustrante todo esto, pues podría simplemente
quedarme en mi “zona de confort” e intentar ignorar todos estos estúpidos
pensamientos, pero siento que necesito más de lo que tengo en este momento, y
el no tener entretenimiento alguno que me distraiga no mejora las cosas, la
verdad.
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