En momentos como este, en plena noche, mi cabeza no deja de dar vueltas quitándome el sueño y mis ojos se ven obligados a quedarse en un punto fijo del techo.
Hay veces que simplemente recuerdo situaciones del pasado, ya sean buenos o malos recuerdos, y depende de eso, paso a otro pensamiento sin quererlo o acabo enfocándome más de la cuenta en ello.
Pienso en, si hubiese tenido la madurez que tengo ahora, cómo habría manejado ciertos instantes de mi vida y el cómo eso hubiese cambiado absolutamente todo. Algunas veces, me da miedo pensar en ello y otras veces simplemente siento curiosidad.
¿Qué hubiese pasado si hubiese dicho esto? ¿Y si hubiese hecho tal cosa? ¿Y si no hubiese reaccionado de tal manera?
Después, cuando estos pensamientos se diluyen, pienso en mi futuro y, a veces, me siento un poco... decepcionada conmigo misma por no haber aprovechado el tiempo que ha pasado y no haberme arriesgado más. Hacer locuras y divertirme, importándome bien poco o incluso nada lo que la gente pensara de mí.
Tal vez todo esto sea a causa de la cuarentena, o debido a que llevo demasiado tiempo sin verte, pero son cosas que se me vienen a la cabeza y me da cierta rabia pensar.
Sin embargo, después de meditarlo un poco, rememoro todos los momentos que he vivido contigo, todas las risas, las lágrimas, las charlas, las emociones... Y es en ese momento en el que dejo de pensar en todo.
Sonrío, con los ojos llorosos y el corazón en un puño, y cierro finalmente los ojos con la esperanza de que, en mis sueños, pueda volver a verte una vez más.
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