¡Muy buenas a todos/as!

Mi nombre real es Carmen María, pero podéis llamarme simplemente Camely, dado que ese es el apodo que he elegido para hacerme conocer en las redes.

Siempre he utilizado los blogs para escribir mis novelas, pero esta vez quería hacer algo distinto: Un diario. No soy de esas típicas chicas que apuntan cualquier tontería en ellos. Prefiero apuntar lo que pienso, lo que siento y todos aquellos sueños que me gustaría cumplir.

Llevo pensando en este proyecto desde hace mucho tiempo, pero hasta ahora no me he atrevido a hacerlo realidad. Expresar y explicar vivencias a desconocidos es algo que me aterroriza, pero si así puedo ayudar a más personas a que no pasen por lo mismo o, por el contrario, a sentirme mejor, entonces no veo por qué no hacerlo.

Sé que un diario normalmente es para escribir todos los días. NORMALMENTE. Pero solo escribiré cuando lo vea necesario.

Bueno, sin más me despido y gracias por leer esta pequeña introducción. ¡Un saludo!

sábado, 6 de junio de 2015

¿Integramiento o aislamiento?

     Después me preguntan por qué no me integro. Por qué no pongo de mi parte y socializo. Por qué no intento dar mi opinión personal de algún tema de conversación en concreto. Por qué tiendo a aislarme y a esperar a que los demás me tiendan su mano.

     "Sigo sin saber por qué te metes en conversaciones ajenas". Esas palabras retumban en mi interior haciendo eco, como si el dolor agudizase y fuese cada vez más insoportable a media que voy recreando la situación una y otra vez.

     Por qué, preguntas. Pues porque se supone que estoy dentro del círculo de amigos. Porque imagino que si quedamos todos para salir, es para hablar todo el mundo y no solo tres o cuatro. Porque si nos consideramos amigos, debería poder integrarme en la conversación aunque del tema del que estéis hablando sea una auténtica gilipollez. Porque se supone que si salgo con vosotros es porque me siento a gusto. Porque pensaba que si no me integraba en la conversación, volvería a auto-apartarme como siempre he hecho desde que tengo uso de razón.

     Y es que es cierto. Desde pequeña tengo el problema de que nunca o casi nunca consigo integrarme en ningún grupo, ya sea por mis gustos, mi actitud, mi forma de vestir o cualquier aspecto relacionado conmigo, pero por lo general, es porque no pongo de mi parte. Aún así, parece que nadie siente curiosidad ni nadie ve la necesidad de preguntarme el por qué lo hago (debería hablar en pasado, pero es que hoy en día noto que lo estoy volviendo a hacer).

     La razón por la que hago eso, por la que me aíslo instintivamente, por la que me mantengo en silencio y por la que prefiero quedarme sola antes que socializar, es porque... tengo miedo.

     Tengo miedo de que no gusten mis temas de conversación, de que no agrade mi forma de pensar, de que puedo llegar a ser juzgada por lo que diga o haga, pero sobretodo, me atemoriza el pensar en que si digo cualquier cosa... me acaben rechazando de aquella manera, diciéndome que no tengo nada que ver y dándome a entender que es mejor que siga en silencio, aislada en mi más oscura soledad.

     Normalmente no me afectaría tanto algo como esto. Estoy acostumbrada a este tipo de situaciones. El problema es cuando la persona en cuestión que siento que me está excluyendo forma parte de las personas que debería considerar amigo.

     Para mí, la amistad siempre había sido una tontería, algo ficticio, una cosa tan fantaseosa que solo existía en las películas, pues en realidad nunca se debería confiar en nadie. Pero el año pasado, esa idea que tenía en mente fue sustituida y conseguí creer en la palabra amistad, o al menos hasta ahora.

     A día de hoy, podría afirmar que del numeroso grupo de amigos que tengo, solo unos cuantos verdaderamente puedo considerarlos así, pues ellos son los que, a pesar de tener sus propios problemas, se quedaron y me ayudaron a superar los míos, riendo a mi lado en las buenas e incluso llegando a llorar junto a mí en las malas.

     Y aún así, sigo sintiendo temor, pues sé que en cualquier momento podría darme un golpe con la cruda realidad, viendo cómo aquellas personas que consideraba importantes para mí me dejan de lado y a mi suerte (la cual por lo general no es para nada buena).

     ¿Mi solución a todo esto? Volver a esos días en los que la pasaba encerrada en casa sin salir siquiera o esperar muy poco de las personas de mi alrededor por tal de no volver a decepcionarme más.

     Por el momento, me desahogaré como he venido haciendo hasta ahora...

     Dejando escapar leves sollozos ocultos tras cada sonrisa que muestre al mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario